En la mayoría de los casos nuestras habilidades sociales se expresan y proyectan en nuestra forma de comportarnos con el otro, en los gestos. No debemos olvidar que, además de racionales, somos seres instintivos, por lo que nuestra comunicación no verbal suele generarnos primeras impresiones o sensaciones de confianza, confortabilidad, cercanía o atracción, que muchas veces no podemos explicar o reconocer en nada en concreto.

Son numerosas las técnicas y teorías sobre este tema, y su trabajo necesario para mejorar notablemente nuestra habilidad comunicativa, relacional, afectiva o de convicción. Nuestros gestos pueden favorecer o empobrecer nuestras relaciones profesionales, sentimentales, cualquier oportunidad de venta o negociación, e incluso los sencillos contactos iniciales con desconocidos o personas de un entorno circunstancial.

Hay algunas iniciativas o cualidades que parecen siempre acertadas y pueden ser ensayadas hasta que se hagan parte de nuestra comunicación no verbal natural.

La sonrisa parece un bien preciado entre las formas de socializarse. Hay estudios que identifican como la sonrisa genera automáticamente procesos neurológicos relacionados con la empatía. Una sonrisa sencilla y limpia, es decir, que no fuerce o se convine con gesto contrariado o fruncimientos, nos abre de base la comunicación.

La voz no se queda atrás en importancia. Se sabe que el tono de voz y el timbre condicionan notablemente nuestra sociabilidad. Voces que trinan o “desafinan” en el habla empobrecen nuestra comunicación, mientras que las voces graves suelen generar confianza y relajación. Igualmente las voces bien “acentuadas” y “enfatizadas”, sin imposturas, proporcionan atención y credibilidad. Por otro lado las voces dubitativas, los tonos bajos, y la monotonía generan rechazo o aburrimiento.

No todo el mundo acepta el contacto físico, en muchas culturas este se encuentra claramente censurado o relegado a la intimidad o la cercanía. Pero para el saludo nos puede ayudar mucho lo que se conoce como “saludo doble”, es decir, junto al hecho de dar la mano ofrecer otro contacto, que puede tratar de superponer la otra mano al saludo, o usar la otra mano apoyada en la espalda o el hombro .

El ataque, la disponibilidad; el bloque o la apertura, también se ven reflejados en nuestras posturas a la hora de dialogar, estar sentados, posicionar nuestros brazos o la inclinación del cuerpo. Aunque hay infinidad de análisis a este respecto, podemos marcar un aspecto común positivo a todos; mantener posturas naturales, no hieráticas, eliminando la “autoprotección” con la postura de los brazos, la violencia con una excesiva inclinación, y el temor con la retracción de nuestro cuerpo. 

Como siempre, desde Arch. Coaching apostamos por entrenar estos aspectos desde una perspectiva práctica; apoyándonos en el autoconocimiento, la inteligencia emocional, el sentido común, y haciendo de la teoría no una norma, sino una herramienta de crecimiento.

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